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Daría cualquier cosa por volver a amarlo.

  • Myr Coh
  • 21 feb 2023
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 6 días


Una mujer de cuarenta y ocho años, a la que llamaré María, me manda un mensaje. Con su permiso, comparto nuestro intercambio:

Myriam,

Te escribo para pedirte un consejo. Con mi compañero estamos juntos desde hace 30 años. Tenemos dos hijos ya grandes y nos queremos mucho, no tenemos discusiones ni conflictos, pero yo me siento sin vitalidad, como “seca”. Me cuesta escribir esto pero ya no lo amo, al menos no como pareja. Empezamos a salir en el secundario, y no me imagino la vida sin él. Daría cualquier cosa por volver a amarlo, pero cuanto más trato, más lejos me siento. No sé qué hacer, estoy muy triste.”

Querida Maria,

Muchas gracias por contarme lo que estás viviendo.

Tu mensaje me conmueve porque siento que estar desde los dieciocho a los cuarenta y ocho años con una persona es estar toda tu vida adulta con ese otrx, y, claro, se convierte en una parte de tu cuerpo y de tu alma. ¿Cómo imaginarte tu vida sin él?

Alguna vez me pasó algo similar e intenté con todas mis fuerzas volver a amar a esa persona. Cuanto más esfuerzo hacía, más lejos me sentía.

Me empecé a dar cuenta de que el amor poco dependía de mi voluntad. Se parecía a una brisa, cuanto más la quería agarrar, conservarla para siempre, más seguía su propio camino.

Su naturaleza parecía ser moverse libremente.

Las personas vamos cambiando a lo largo de la vida y, al mismo tiempo cambian nuestras emociones, lo que nos atrae, el entorno.

El proyecto y los sueños construidos en común a los dieciocho seguramente irán mutando con el tiempo.

A veces, los miembros de la pareja cambian en sintonía con los momentos personales de cada uno o con los momentos del ciclo biológico y/o vital. Y así el amor se renueva cuando encuentra nuevos cauces por donde seguir circulando.

Pero otras veces no alcanza con acompañar los cambios. Los sentidos de vida tomaron caminos muy diferentes y ya no es posible el encuentro.

Vi incluso muchas veces que lo que sucede es un rechazo de piel. Una comienza a sentirse mal cuando se acerca físicamente al otro,  el cuerpo se tensa, algo se cierra por dentro sin que sepamos explicarlo.

En un nivel, el amor circula solo, viene y también se va de forma inesperada. Sucede o no sucede. Es imposible “decidir” amar a alguien.

Igual que en la práctica del tai chi, el amor depende más del no hacer que del hacer.

Wei wu wei, dicen los taoístas, “hacer sin forzar”. Para que la energía vital circule, es imprescindible entrar en la serenidad y dejar que se mueva con la menor intervención posible. Tai chi es un entrenamiento del amor. Cielo y Tiera, Sol y Luna, luz y oscuridad se atraen e interactuan en armonía. Cuando esas dos fuerzas se separan, ya no hay más tai chi.

No creo que haya algo que una “debería hacer”. Pero en la práctica veo que suele ser útil, como primer paso, contar con momentos para estar sola, escucharse y darle derecho a existir a esa parte que no siente ya amor, mirarse con compasión y poder decirle a la otra persona, llegado el momento, lo que nos está pasando compartir lo que nos sucede, sin tener que decidir nada. Y ver adónde nos lleva.

Para conversar sobre los sentimientos, suele ayudar que el encuentro sea en un espacio diferente al habitual. Por ejemplo, ir a tomar un café.

Querida María, es normal sentir desconcierto, culpa, temor, tristeza si estuvimos toda la vida con una pareja y nos damos cuenta de que ese ciclo se va cerrando. Pero lo mejor que podemos darle a esa persona y a nosotras mismas es la verdad de nuestro sentimiento. Las emociones siempre son verdaderas y con ellas, la libertad de elegir cómo seguir el camino.

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